Yo soy aquel que labra en tierra no propicia el que habla a las semillas que dieron en la piedra y bendice en luz, para la paz, a los oscuros el que dará su ánima a beber a los ahogados. Soy ese médico que busca la paz para las ramas cansadas de ceder su fresca a los extraños, y me desvivo por abrir con mi pequeño rejo, la amplia tierra, asilando a los muertos, y regando sus túmulos, con frecuencia sombríos, con las aguas cantadas de mi llanto. A mi paz, a rebujo, reposen las miríadas de la bondad caída, que encuentren, de mis labios, la sombra en que vivieron tornada en luminaria de versos en su abrazo. Labremos, y que esta luz que surja demuestre que vivir en pérdida y justicia no va a ser, no puede ser, jamás, en vano. Porque de pie quedamos hombres, pechos de hierro para labrar palabras y a bosque la amplia siembra, y para paz el beso…
Escribimos para nadie con palabras que ya no dicen y, sin embargo, llenan los papeles de lluvia y otros difuntos. Escribimos —aún lejos del suicidio— sobre un puente que nunca atravesamos, con la certeza que nada es ya aquí por nosotros. Se diría que nada entonces fue logrado, que falta norte a esta retirada y allá quedó el misterio, la música, el desierto que siempre estuvo a pesar de ella. Pero no has muerto, aún alguien aquí recita un miserere, alguien que en su discurso de demiurgo pareciera haber comprado el silencio y, como un signo, interrogándonos, nos recordase: ¿por qué, si ya no hay nadie?
Te creiste patria la bienaventurada del mundo decías usar el cielo por sombrero te enorgullecían el monótono chisporrotear de tus yunques y las orgías sangrientas en tus campiñas perpetuas patria no te sonrojes no eres exacta como cantó el poeta eres el odio inconfesable que cada uno de tus hijos lleva adentro.
La noche que viajé en naves de fuego Medianamente perdido y triste Atravesando tierra y carne de tu cuerpo Bajo la luz del tiempo inmaterial
La noche que besé la carne de tu amor Con la nostalgia de un ayer olvidado Que había dejado cicatrices evidentes Bajo las caricias nuevas de nuevas manos
La noche de primavera tibia y brisas En medio de paredes frescas y azules Escuchando canciones de pisadas antiguas De cuerdas y flautas sin memoria
La noche blanca como un papel escrito Debajo de un techo y una luz tenue Con las manos como tinta arrobada Escribiendo historias de piel
La noche que escribí mi gran novela Con pluma y hoja de imágenes tuyas Cuando pinté el estruendoso mural Con pincel y pintura de tu pelo
De la noche cuando la memoria fluye como espuma Aunque su mañana se aclare como estanque Cuando retraté tu existencia en el lienzo de mi mente Eres tú, indeleble, el más perfecto bosquejo
La noche que dormí bajo tu mirada El viento de tu respiración alivió la nostalgia La melodía de tu vientre entibiando mis manos Para que el día siguiente no llegara nunca
La noche que me amaste entre las piedras Entregada y ligera como flor al viento Como un rocío en medio de un vendaval Esa noche de música y palabras yo te amé ...
digo a mi mano no le nombres cuando llegue a ti la pluma la hoja distraída el llanto que te lleva de regreso a secar las pestañas y digo a mi alfabeto que te olvide a mis labios que no quieran rezarte en el templo dedicado a tu yoísmo a tu fingido sangrar sobre papeles con su retórica pueril en los pulmones
pobrecito de ti que te he sacado de los únicos cuentos que viviste historietas con mutantes femeninos que te siguen te llevan te rodean
I´m not sorry for you -pachuco fácil- eres el hit-and-run de los amores en el principio eras oxímoron al final te convertiste en jitanjáfora digo a mi voz que no se canse en pronunciarte eres un hombre más y un hombre menos un día de pic-nic a mitad de un camposanto
y suficiente
quemo las hojas en que a veces te pienso le pongo hielo a mi té mientras Cruzita -mi vecina adolescente y dolorida- pone de nuevo a máximo volumen the animal song
Antes de nada, es importante saber que este cuento ha sido escrito entre dos personas, más por divertirnos y experimentar que por otra. Tras esto, lo he revisado y "recortado", y ahora me gustaría que, quienes quisieran, me echaran una mano para dejarlo bien del todo o, al menos, en su mejor versión posible.
Espero que os guste. Saludazos.
EL PESO DE LA RESPONSABILIDAD
Fran llevaba un año trabajando en “Aullidos Lobunos”, una revista que lo mismo te cuenta la vida de la famosa de turno que te explica cómo elaborar una mascarilla de pepino para el cutis. Extrañamente, también tenía una sección literaria a la que la gente enviaba sus obras, en prosa o en verso, y Fran, apodado “el sapo en atención a su mirada inquisitiva, es el encargado de seleccionar y revisar la obra afortunada de la semana.
A Fran, a su manera, le encantaba ese trabajo. Digo “a su manera” porque en principio la gente opina todo lo contrario y es lógico; al levantarse su madre le ve resoplar, sudar y atragantarse con el desayuno; cuando llega al trabajo parece que de su boca sólo salen protestas y gruñidos; y al volver a su casa trae la cara color ceniza, se le revuelve el estómago y padece nauseas.
“Es el peso de la responsabilidad” pensaba, pues a ratos se sentía masoca, especialmente cuando se preguntaba cómo un trabajo que le desgastaba tanto podía entusiasmarle al mismo tiempo, - tal vez se deba a que es mi primer trabajo- razonaba- o a que siempre he sido demasiado perfeccionista-. Más de una vez sus compañeros le aconsejaban que no se leyera todo lo que los lectores mandaban, sino que eligiera de cada remesa unos diez textos para exponer entre ellos el más decente o que, en el momento de corregir, se limitara eliminar las faltas graves de ortografía y sintaxis. Pero no, él prefería meterse en honduras, valorar el estilo y, como si le faltara trabajo, propuso al director añadir un comentario crítico debajo de cada texto publicado en el que se valorara su contenido, para deformar el gusto de sus lectores, y tal fue su júbilo cuando le dieron permiso que todos sus compañeros pensaron que dicha sección formaba parte de un plan secreto para gobernar el mundo.
Resultaba cómico y paradójico presenciar su angustia mientras pensaba qué brillante comentario hacer a cada texto. Según se acostumbraba más a la tarea, sus comentarios se volvían más elaborados.
Un lluvioso día de noviembre el ordenador con el que trabajaba Fran se apagó.
Cuando intentó volver a encenderlo, sólo aparecía en la pantalla un guión blanco centelleando sobre el fondo negro. Y él, que solía ser precavido e ir guardando todo lo que adelantaba en una unidad USB, por obra y gracia de los duendes – y de su mala cabeza- se vio de pronto frustrado, sin datos, y con el culo (metafóricamente) al aire; en menos de cinco minutos debía volver a su casa y al día siguiente se imprimiría la tirada que dos días después sería distribuida en todos los quioscos.
La ansiedad le poseyó. Debía entregar el archivo para maquetarlo y no tenía absolutamente nada. Tras este primer paso, decidió que lo mejor era relajarse. Le encantaban los libros de autoayuda y había aprendido que tenía que ser proactivo, que era algo así como mirarse el ombligo pero desde una perspectiva lejana. Tan lejana como te dejara tu propia mente.
Por eso mismo, al sentir el veloz latido de sus sienes, se serenó al pensar que aquella era una manera que tenía el destino de hacerle ver que éste no era un trabajo que lo completara. No es que tuviera que buscar un sitio donde los ordenadores se mantuvieran eternamente inalterables, sino que debía encontrar algo más atractivo que hacer. No podía dejar este trabajo de repente, los empleos no crecen en los árboles. Además, qué iba a decir, ¿qué una idea irrenunciable se le había revelado delante de un ordenador averiado? Porque, debía reconocerlo, su verdadera ansia era escribir ficción. Quería sentirse poderoso en un mundo en el que sólo él fuera algo parecido a Dios, en el que las personas participantes no pudieran engañarlo. Para eso había seguido todos esos cursos de escritura creativa tras la universidad. Y como lo que quería era escribir ficción y no tenía nada que entregar (el tiempo corría), decidió que lo mejor era escribir algo de su propia cosecha. De todas maneras, quién se iba a enterar…
Pero se quedó mudo, sin ideas. Miró hacia el corcho que colgaba de la pared de su mesa y vio una caricatura de Queen que le había regalado un amigo. Sí, le encantaba la música, pensaba que el arte era una forma de magia. ¡Eso era! Silvia, la protagonista de su anteproyecto de novela, sería una muchacha que había entrado en un colegio y que descubría, para su sorpresa que, mediante la música podía hacer todo tipo de conjuros mágicos, pero sólo concentrándose bien… Encendió el ordenador de uno de los compañeros. Por suerte sabía que no tenía clave de acceso. Gerardo, que así se llamaba, era un completo desastre y la hubiera olvidado. Miró el reloj; pasaban cinco minutos de la hora de irse. Sin embargo, aún quedaban dos horas para el límite de entrega de trabajos (algunos se enviaban por e-mail desde Latinoamérica). Abrió un archivo de Word y empezó a escribir…
“Hacía aproximadamente doce años que la familia Rojas había visto nacer a primogénita, Silvia, joven promesa de a saber qué cosa (…) Aquel martes, su madre intentó sacar a Silvia de la cama. Ella lo aceptó, a regañadientes (…) Pero aquel martes algo cambiaría. El profesor de mates, un hombre enorme, de voz sonora y calvete, la mandó salir a la pizarra para hacer una división de varias cifras con decimales y triple tirabuzón. Ella, como ocurría cada vez que le pedían que hiciera cualquier cosa en público, se sintió morir… ocasión que los demás solían aprovechar para burlarse de ella, eran unos envidiosos que no le pasaban por alto ningún error. “¡Y ya no puedo más! ¡Ya no puedo más! ¡Siempre se repite la misma historia!” canturreó, traicionada por un repentino ataque de histeria (…)
En ese momento los libros, estuches y cuadernos de sus compañeros volaron, huyendo de la mesa, quedando todos pegados en el techo”
Tras escribir esto, Fran se detuvo, releyendo su obra. De pronto su idea le pareció absurda, falta de gancho, desgastada, tópica, insustancial, indigna de sí mismo, de la oportunidad que el cosmos le concedía, un vulgar plagio de Harry Potter…
La cosa estaba clara: escribir sobre una maga que hacía magia con la música no era una gran idea. Decidió que lo mejor sería hacerle caso a sus compañeros y elegir una carta al azar entre el saco que se apoyaba a un lado de la mesa y sólo corregir las posibles faltas de ortografía. Ya tendría tiempo de hacer más adelante el trabajo bien hecho.
Metió la mano en uno de sus cajones y sacó un sobre al azar, derramando algunas cartas en el suelo. Era un sobre de los más normales que había visto; por regla general, las mujeres (en su mayoría) que escribían a la revista lo hacían en sobres de todos los colores, pero este sobre era un sobre ordinario tamaño A4 de color marrón. Dentro, Fran descubrió el siguiente texto:
"UNA HISTORIA DE AMOR POCO COMÚN
De todas las puestas de sol que he visto, la del otro día fue la más hermosa de todas. El sol, en su infinita bondad y comunión con el cielo, me obsequió con el espectro de naranjas más abundante que pudiera imaginar. Y eso que yo venía de matar a mi novia.
Puede parecer chocante que hable de esto con tanta naturalidad, pero necesito contarlo y creo que la mejor manera de hacerlo es delante de estos folios. Puede ser tomado como un relato de ficción y, realmente, así espero que sea, ya que no me gustaría ir a la cárcel. Si he matado a Yolanda, ha sido para vivir más tranquilo.
Conocí a Yolanda hace cinco años. Cuando la vi, quedé prendado a la primera. Era un día de noviembre, de finales, lo recuer ...
Adriana Mónica Lamela (09/5/1961). Argentina, nacida en la Provincia de Neuquén. Divorciada. Tres hijas. Secretaria Administrativa.
La literatura estuvo siempre presente. Como "pasión revelada" surge con la muerte de su padre, marcando su vida definitivamente. Ha logrado primeros premios en juegos florales provinciales y menciones similares varias. Ediciones compartidas: una regional; otra nacional y la otra en España. Publicaciones actuales en Internet en las páginas:
Cielos de Papel, página de literatura infantil.
Villaletra, página literaria y de cultura general.
LaLupe, Círculo Internacional de Literatura Vanguardista.
Taller Literario vía Internet, con la Escritora Laura Calvo, Bariloche, Pcia. De Río Negro (1998).
Taller Literario en la ciudad de Neuquén, en la Dirección de Cultura, a cargo del Sr. Roberto Ghiglione (1998-2000).
Menciones especiales en Concurso “Atardecer Sereno” del Centro Poético de Madrid, con inclusión en Antología del mismo nombre, en 2001.
Mención especial en el V Concurso de Poesía y Cuento del Río de la Plata, en la Ciudad de Buenos Aires, 1998.
Varios trabajos premiados en diferentes Juegos Florales realizados en la Provincia de Neuquén, durante su vinculación al taller literario de Roberto Ghiglione: por ejemplo, Primer Premio en cuento y Primer Premio en Poesía, Juegos Florales de Verano en la Ciudad de Centenario (1999), un Segundo y Tercer puesto en otros realizados en la ciudad capital de Neuquén.
Finalista con acceso a edición compartida de la Editorial Nuevo Ser, Buenos Aires, 2005.
Segundo premio cuentos relacionados con la navegación del Concurso Pepe Fuera de Borda- página del mismo nombre – 2006. ...
Carlitos Cruz en realidad no sabia si ella (su amor de hace mucho tiempo) llamaría a las tres de la tarde como lo habían planeado, -pero vaya suerte- cuando dieron las tres y catorce sonó el timbre de su Nokia y era ella (se le vino a la mente una lluvia de ideas, pensó en decirle que si ella podía recogerla en su camioneta y que la pasarían tan bien como cuando eran mas chiquillos y se amaban y se amenazaban y se iban y volvían y jugaban a esas pasiones prohibidas a esas que hacen esperar al amor para darle preferencia a los fulgurantes encuentros que aquellos días eran su pan de cada día y de cada noche). Ella le dice que esta por una urbanización tramitando unos documentos; entonces él le dice que si puede ir por la universidad a buscarlo, ella le dice que salió sin la camioneta para evitar a la gente ya que se supone es un encuentro clandestino luego él le agrega que en quince minutos la espere por ahí, por el parque grande, ella le sonríe por teléfono y le contesta diciéndole que lo espera, que se tome su tiempo…
Se encuentran después de mucho tiempo, no es lo indicado pero ambos quieren naufragar en sus errores, se ven las caras… se salpican de vergüenzas, ahora ella es una mujer casada y Carlitos el caza recompensas de siempre. El sol boquiabierto los alumbra ya casi son las cuatro y nadie entiende porque se encuentran, porque se ven si ya su magia parece estar extinguida, su amor en lugar de ser mas grande se ha esfumado, a pesar de las ofensas que se han jurado no saben por que diablos están ahí dando vueltas mirándose de reojo, de frente y descaradamente, deseándose como en sus mejores años, como cuando ella tenía veintiún años y él dieciséis y se querían serenos apasionados, como loquitos cada noche cuando los abuelos de la susodicha se hacían a los pulcros sueños de la tercera edad, y dormían como dos bebés; entonces ellos profanos y adolescentes se encontraban por la puerta trasera y al principio se querían y meses después se amaban como si fuera el final de sus días… desparramando ese espasmo libidinoso cuasi impúdico que entre los dos no podían controlar, mucho menos disimular. Él la quiere a su manera mientras que ella dice que lo ama, que si le fuera posible abandonaría a su marido, dejaría todo por Carlitos Cruz… La inmoralidad va creciendo, ella le habla disimulando su pena, él también finge –pero se ha dado cuenta que ella es una razón más, que tal vez es importante– por eso que últimamente le pide un encuentro, o de repente un beso o mas aun unos minutos a solas exponiéndose a la malevolencia de los pecados carnales para que sin pensarlo puedan liquidar esa desesperación por encontrarse después de muchos años, a las cuatro de la tarde recordando esos días que de repente hoy jueves nublado y frio se repetirán…
No soportan estar dando vueltas por la calle y que ojos ajenos, les pongan cara de moralistas, no soportan que los vagos le suelten piropos insanos, llenos de besos cochinos, los que por supuesto ella ignora, los que él cela con rencor. Ella toma un taxi, saca de su billetera un cheque de esos suavecitos que recién ha retirado de algún cajero automático (con la tarjeta de su marido) y le dice al conductor que los lleve lejos o a un lugar tranquilo; mientras tanto están para el asiento de atrás, ella no lo toma de la mano –espera que él lo haga- pero quien sabe porque Carlitos no lo hace, callan, están en mutuo silencio y en la radio pasan una canción abominable una chicha de los ochenta, se miran las caras y súbitamente escapan se voltean a las ventanas ven el trafico del centro de Trujillo que a las cuatro de la tarde de la tarde va de aquí para allá, el conductor ha llegado al lugar, Carlitos baja primero, demuestra su modales, le abre la puerta y le importa un pito lo que diga la gente y entran juntos al café, toman un lugar medio alejado calculando donde nadie los vea y así puedan darse de besos…
Para amenizar las charla, piden un vino Tabernero Gran Rosé Semi Seco, el mozo les sirve en dos grandes copas, brindan por el reencuentro y por la desequilibrada aventura que están emprendiendo… siguen callados -no se entienden- él le toma de la mano bajo la mesa como para que nadie en frente se de cuenta de la infidelidad, y discretamente Carlitos despliega las persianas de la ventana que da para la calle… ella siente que entre las tantas personas que están a su alrededor puede haber alguien que la conozca y pueda descubrir la traición que en ese momento iba haciéndose realidad, mira la butifarra que le han servido, juega con el tenedor, no sabe que decir, “no tengo hambre” le dice a Carlitos, y parece que como jugando están protagonizando otra clásica historia de traición… después de unos segundos en silencio ella suelta otra palabra como queriendo desfogar lo que siente, como queriendo justificar su vehemente accionar, “ya no lo soporto, es un enfermo, me tiene loca, no sé que hacer…” “es tan celoso que hasta porque me tomo una foto, me dice ¿por qué? ¿Para quién es esa foto?, es un machista y déspota, no quiero seguir con él”, le dice a Carlitos, mientras él saborea la tercera copa de su Gran Rosé. Ella va por el quinto sorbo de vino, le cuenta su vida en cinco minutos… le dice a Carlitos que lo ama… que si lograra zafarse del yugo machista de su marido, se vendría a vivir a Trujillo para tenerlo cerca… para que se amen sin restricciones, para que ella lo espere afanosa cada tarde y él perfecto amante nunca lo abandone y sean felices en el ámbito moderno de la convivencia… (Al fin ella, financieramente no sufre las cachetadas de la necesidad como el pobre Carlitos) “Tengo lo suficiente como para alquilar un departamento y ayudarte a gestionar tu titulo… piénsalo flaquito, esta es nuestra oportunidad… todo depende de ti, dime que en verdad me quieres y te lo juro me divorcio de ese viejo demente… que piensa que soy un juguete su objeto…”
Carlitos lo observa asustado y por un momento piensa que el alcohol le esta haciendo efecto y no quiere creer lo que acababa de escuchar; le dice que se tranquilice, que piense en su familia y en la vida que ya ha hecho, “tú eres una señora de sociedad… vas al teatro, colaboras con la beneficencia, vas al club con tus amigas, juegas tenis aunque que no te guste… y dejando un día vas al gimnasio, y cuando te sientes estresada vas a los mejores spa, tu familia y en especial la de tu marido viven un mundo plástico, tienen muchas tarjetas de crédito y sus cuentas siempre son gold o platinum y los fines de semana sus fotos aparecen en la columna de sociales… ¿que te hace falta?” -y mentalmente piensa- (pero si recién cumplió veintinueve, tiene tanto por vivir tiene mucho por disfrutar, es justo que viva un poquito esa vida loca que antaño en su lejana adolescencia nos juramos ) ¿yo que te puedo dar? Yo con mi humilde trabajo de contador… mi familia ni en sueños sabe de nuestra relación, no quiero herirte pero por ahora esto de verte a escondidas esta emocionante, ¡vamos relájate! Dame un abrazo, verás que llegará el día en que estaremos juntos… tendremos una casa muy grande, alejada de la ciudad, tendrá un balcón muy grande y en el segundo piso tendremos una chimenea, entonces allí cuando sea otoño, cuando sea invierno frente al ardor de las brasas haremos el amor y veras que nunca nos separaremos… y seremos felices…”
El vino casi se termina… toman otro taxi hasta el malecón, ella se pone sus grandes gafas oscuras… como para que nadie la reconozca… emocionados llegan al malecón, ella compra de un ambulante una cajetilla de cigarros, se toman de la mano, ella fuma como cinco cigarrillos, él no pasó de dos… caminan muchísimo casi un kilometro… ella le insiste ella quiere rebelarse quiere irse a vivir con el pobre Carlitos sin embargo él bisoño galán (cinco años menor que ella ) no se ubica, no sabe si lo ama o si es su ferviente obsesión, sea como fuese él no quiere perderla… él la nec ...
ya ves... después de tanto tiempo sin escribirte, hoy... coincidiendo con la primera vez mire a tus ojos con luz del sol, acaricie tu barba de dos dias sin afeitar, bese tus labios con incertidumbre pero con un arrebato de furia... Hoy, no se siquiera si me recordarás .
Hoy que ya ves... Llueve, hace frío. Estoy haciendo un cuadro que me van a pagar, a pesar de que no me gusta pintar así, no me queda más remedio... He de seguir viviendo, aunque sea alejada de ti, aunque me dejaras el corazón en los huesos, aunque mis alas quebradas ya no saben que pueden volar...
Sigue lloviznando y tengo frío. Las calles heridas de melancolía parecen gritarme tu ausencia. Esta humedad, este frío. La lluvia me huele a ti, te veo en caminantes anónimos, te sigo en los recuerdos, zurziendo una historia rota a base de mi angustia por quererte, mi soledad maltrecha y herida en post de una histora sin razón... sé que no estás bien, pero como que yo tampoco, y no es por egoísmo; sino por no herirme más de lo que puedo sangrar, sangrarte...
No voy a consolarte más, o sere quien consuele tus infidelidades, que posiblemente terminen oliéndote con la lluvia.
Sereno como la madura templanza de una melodía, a cubierto del azar diminutas nebulosas en tus pupilas, tan fuerte como para transigir el anonimato, anticipado, fresco, gradual, como la obscura intensidad de las fresas.
No faltas. Permaneces. Livianamente acontecido. lombriz que repta y te absuelve, la inconstancia te imagina como un aire delicado; un roce te asciende hacia los pies y me desandas. Desde tus manos las líneas se descuelgan y abren los minutos en un eterno regreso inmóvil y fugaz Alzo los brazos y continúas el desorden de la altura que nada – ni el tiempo – desvirtúa - sabemos que es precioso el goce sin espinas y las sombras nos juntan en luminosa ronda- tan inexacta causa, tan imprudente certeza encontrarte en la constante espera. Igual de inoportuna tu manera como radiante mi vida a todas horas.
Después lo eterno emprende un vuelo silencioso allí, donde el mundo comienza a sorprenderse junto al boomerang tibio de tus labios.
Qué pronto acontece el tiempo entonces.
Los transeúntes llevan siempre un sombrero y vos, sólo reflejas el alba en tu mirada. Caminar de este modo, me provoca cosquillas. Yo nada más transito por los amaneceres tuyos.
Tan tarde para nadie -livianos y presentes en las finas manecillas de un reloj- excepto -claro está - nosotros madurando la ruta móvil de un próximo nocturno de ardiente y embriagadora ignorancia con la luna en la frente y una ecuación de deseos en la boca madura.- ...
Verónica cento. Escritora argentina (1980). Nació en San Francisco, Córdoba y actualmente reside en Caracas (Venezuela). Estudió letras en la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado en revistas virtuales como Letralia.
Mujer fetiche Caen violines sobre los tejados. Mujer fetiche, mujer de lunas. Le temo a la danza de los escorpiones. ¿Por qué huir de la muerte? Si al final del ritual, no somos nada. ¿Para qué los hechizos? ¿Para plasmar silencios en palabras? Caen plenilunios sobre tu vientre. Mujer fetiche, mujer profana. Detesto la compasión de tus pupilas. ¿Por qué las almas? ¿Para coquetearle a la muerte, mientras desgarramos la vida a dentelladas? Mujer que le teme al juego ambiguo de las almas. Mujer fetiche, mujer de agua.
Mujer de luna Sembró algas en la pureza de sus manos. Ciñó a su cintura un lazo de estrellas fugaces. Caminó lánguida por los caminos de agua. (La mujer desnudó las oquedades de la muerte)
Las esencias nocturnas bostezan sobre su cuerpo. Sus pechos dormitan bajo el cielo gris y sus manos evaporan caricias.
El silencio El silencio otea desde un balcón y nada lo detiene: ni los otros silencios ni las otras palabras. Se reinventa a sí mismo, se desgarra y cae, cae, estrepitosamente. Su ombligo de viento se estrella en el asfalto mojado, en la vereda de mármol, en la mirada lasciva del transeúnte bajo espejos, bajo tenues formas apagadas, y una voz alimenta la carroña del cuerpo sin vida.
Miradas El escalpelo de las manos, los espejos rotos, un violín sin cuerdas detrás de las ovejas, un elefante, el circo de la tarde. Los impresentables de siempre luciendo cadenas y una copa, en un mazo de cartas resbalando estaciones. Y las velas y una voz que calla en su jaula sin saber qué pasos, qué murallas agudizan el tiempo o la calle cuando detenemos miradas.
Detrás del cristal Desde mi corral, observo apacentar ovejas: negras blancas quietas Ojos ovinos huyen por el espejo. Detrás del cristal, somos piedra.
Punto y coma Adoro el jazz. La piel blanca quema. Ser negra es moda.
Yo quisiera ser más que una moda. Punto y coma. Mi padre decía que la cerveza borra las penas. Murió de cirrosis. Su ataúd reza: "No beba". Punto y coma.
Siempre lleva faldas de segunda mano y según caiga se dibuja con un paraguas. Suele ser un día curvo e inmenso, brillante que jamas oscurece, pero si recuerda algún día triste, le echa la culpa al sol.
Luce su bata tras una sombra y puesta por encima su camiseta Maga. Le encanta encontrar botones suicidas que no soportar dejar solos. Y así pasa su tardecita en la calle soleada. Quizá la veas tumbaba con una réflex del año "pum" a hacerle fotos a la gente.
A veces se columpia y enamora al fresco. Intenta su cigarrillo con una cerilla azul, que ni prende ni quema, y así hasta cuarenta y dos. Con la mirada en el cielo, de azul que llama maga inquieto y durmiente, disfruta en el columpio dejando sus piernas a favor del viento. La primera vez ella sangró. Se acuerda porque desde entonces, siempre lleva faldas y un paraguas. ...
La historia me atrapa como a una muerta en una parcela de tierra del cementerio. y te busco... Y no comprendo por qué yo también, estoy muerta. Y te amo y te busco con los pedazos de mi cuerpo. Te busco y entre nosotros dos está un funeral lleno de flores y telas fosforescentes y lágrimas de pesar y recuerdos inútiles. Y te amo más que antes porque sé que ahora vamos a estar hundidos, y la tierra nos tapará. Juntos, mejilla a mejilla. Y el mundo entero no nos servirá. El mundo entero llora por nada. Todos lloran por nada.
¡No saben lo lleno de universo que es estar muerto!
Y me acercaré a tus piernas como un topo, cuando huele las raíces con los dientes. O como un dios que se disuelve en una cascada de savia vegetal. Ese mismo dios, que ahora me tiene de su mano, cuando nos amamos como nunca antes lo habíamos hecho... Nos unimos al asombro, con desesperación. No importa que el silencio se haga espeso como un barco cargado de sufrimiento, porque estoy sedienta de lujuria... Porque te busco, aunque mis partes sufran en la madera... Porque me llama el silencio que ignora mi sed de tierra húmeda... Porque tu cuerpo se parece a terrones de tierra. Y soy un fantasma... Aunque, los fantasmas ya no interesa que existan... Tu eres un fantasma. Y no importa amamos tendidos en el terror... Millones de lombrices desperdigadas en este cementerio se aman, también. Ellas no copulan, hacen la mímica del amor para provocar a Dios y excitar a los seres vivos... Ellas son tan hermosas, y transparentes, y con anillos de luz. Tan amarillentas por el calcio de los huesos...
Todo es hermoso en estos días de gloria por estar muertos y jóvenes. Y nos miramos asombrados, después de alimentarnos de partes blandas de los cadáveres. Todo es hermoso y el miedo es un pasajero que tiene su pelo cubierto de tierra.
Una palmera hasta los cielos le dejo a mi familia, un pino con nido y un redondo violetero. Dos jazmines del aire, un gran magnoliero, algunos malvones heridos, una orquídea salvaje, la cala con sus caracoles, el romance de los pájaros con la enamorada del muro y el vuelo de mis fantasías. Los aros todos, se los prometí a Angelina pero aún más me interesa dejarle la risa y las agujas del tejido. A Tomás, le dejo el olor de la lluvia en la tierra mojada, los pinceles y un día ocre de otoños perdidos. A Ignacio le dejo el don de la palabra, la fruta fresca, el riego y todo el cultivo. Son para Facundo los lazos de amor, mi deseo de caricia y el beso mas dulce que nadie le dio. Como Hilanderas de sueños son mis tres hijas. A ellas les dejo una luz encendida. Para Julia un domingo glorioso, la ilusión del amor, un puñado de arcilla. A Belén le prometo todas mis alegrías, un hogar como el mío de florecientes colores y por favor que no olvide: ¡Nada de melancolía! La piel de las paltas a Majo le dejo, carnosas pulpas y una mirada fija que penetre en su alma haciendo cosquillas. A Horacio no puedo negarle el tatuaje el espacio de mi lado en la cama grande, el olor a tostadas, el caer de las hojas, la leche hervida y el arte de andar sin sombra del cuerpo inmortal que abre los aires, para hacer fiesta con los sentidos... A mis amigos les dejo una confesión compartida, la risa contagiosa, el secreto prohibido les dejo mi oído y este astrolabio que me hizo volar No puedo olvidarme de dejarles la magia Y esta alquimia de andar feliz por la vida con la creencia absoluta de amar por amar.
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Adoradora de piedras
Dicen que los transparentes cuarzos incitan al amor y a menudo abren sus blandos corazones, que entonces quien los tiene sucede por la vida preso de esa magia que brota de sus vetas. Piedra preciosa la obsidiana, rasga y cura la carne cuando el dolor la abre, me sucede con la turquesa que me precipita al mar reflejado en tus ojos. Bien sé los pecados de desmesura que encierra el ámbar así como así consagrado al silencio. Poseo piedras de recuerdos, piedras preciosas, a las que alimento con sol y agua, les doy baños de luna bajo el concierto de la noche para tomarle el pulso a la eternidad.
Luego de cincuenta años de investigar, al fin encontré lo que buscaba. He creado una palabra de cinco sílabas que, al ser leída, provoca un fallo irreversible en el hipotálamo, y el corazón del lector deja de latir inmediatamente.
El objetivo de esta investigación fue crear un método rápido, barato, infalible, e indoloro, para aquellas personas que no deseen seguir viviendo, con el único costo de saber leer.
Si usted no forma parte del grupo de personas que no desea seguir viviendo, le sugiero que no lea la palabra que aparece a continuación:
... por los huecos sin fin de mi morada brotan hoy madreselvas y jacintos, y hermosísima embriaga mis recintos la esencia de una rosa deshojada;
... huele a luna y a lluvia esta jornada y a otros panes oscuros y distintos; sobre el vuelo mortal de los instintos siente el alma la noche iluminada;
¿ ... cómo puede la vida ser tan bella, si emergiendo de un ángulo imposible por el barro se enciende y se destella ?
... en su copa, amantísima y tangible, entra Dios, y mi ser se hace visible fundiéndose en el Sol que habita en ella.
el dragón llegó sin alas se le quemaron en vuelo caída la fiera
quedó exhausta sin energía acabó el día a día su combustible de sangre se le oxido su potencial lidió con asuntos terrenos abandonó sus siete cuerpos escaramuzas afectivas y familiares robaron su armonía algo lo sacó de su eje le dislocó su rumbo algo se le clavó en el alma como una flecha certera, fugaz el dragón busca aquietarse retomar su ritmo reflexiona se investiga se reformula y calla su dolor.
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necesito perderme en el marasmo de esta indisciplina terminar la sobreexigencia que imprime en mi la realidad vastedad suprema, necesito evaporarme apaciguar tanta fiera suelta.
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si la vida se puso seria conmigo tendré que confiar y salir de la incertidumbre sé que hay un camino abierto una brecha suave que late al compras de mi lentamente miraré de lejos los terrenos peligrosos no me aventaré basta de herirme con la melancolía me duele tanta sensibilidad frenaré mi desborde tormenta de ideas incesante la impotencia de mi desaliento lo irremediable: mi fragilidad. ando vulnerable como rosa herida deshojada ante el peligro debo soltarme dejar el control remoto darme al libre albedrío andar despacio y ser llamarada seguir tenaz ante el propósito ser mi peregrina del aire
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generarme en prosa con exactitud holística aquietarme en estallidos ser cobaltos en sus gamas buscar horizontes inexplorados desplegarme en emociones necesito armar constelaciones abrir opciones otras posibilidades quietas crecer bebiendo la pócima que transmute a la magia necesito el orden de saber que existe en desapego
en todo lo material la verdadera materia es abstracta.
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no veré la lucha de los seres en su torbellino de dolor e impotencia no veré su íntimo temor.
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si persevero y me adentro en territorios hondos y cercanos hablare con respeto conmigo misma hoy la cita será conmigo me rescataré de esta debilidad
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medito y respiro profundo el flujo del río nace en mi como el misterio sonoro que arroja este dolor con sus sombras profundas.
¿adónde esta la armonía de los tonos del día? qué provocativo se ha vuelto el dolor con su muda insistencia- me siento como ha de sentirse un alga me duele mi dolor es tan propio aunque más me duele el dolor del otro que se clava se tabica se termina cuánta impotencia! lloro lloro lloro fácil y no fácil sin y con lágrimas lloro mi columna se carga de peso la pierna derecha pesa mil kilos y empequeñezco a pasos agigantados casi hasta desaparecer entre catéteres y tubos sobre la sabana blanca de la noche.
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el cambio no se sostiene con nada lo abstracto anda suspendido en espera se acumula refleja mi metamorfosis cotidiana la impiedad me lleva hasta algún dolor antiguo multitudes y trementinas pinceles cansados y fiebres penachos duros que ya no sirven mis manos olvidan los ritmos se potencian no sé no se desde hoy y desde acá desmaya algún anhelo gritan las telas desde el rincón inconcluso nada nuevo para pasar en limpio sólo la reiteración de mi misma soy una aficionada de las palabras y creo en su poder curativo son sedantes a la hora de la desespera impotente fluye mi idea marea el derivado aturde el rescate
los libros ansían el aire libre las hojas ansían la cara al viento ay de un alerce cuando aplaude con sus hojas de terciopelo quién pudiese hoy acariciar su melodía compartir su concierto de vientos sin embargo sólo me deslizo al miedo y no avanzo una estaca me clava al colchón las guías me suspenden de los sueros que cuelgan de las nubes más allá del techo me cuelgo de la ceremonia secreta de las vetas de la pinotez lloro la impotencia que se hace dolor me congestiono respiro hondo cambio el oxígeno y sigo acá estaqueada conjurando el corset de vainillas mirando que a las plantas les falta valor detrás de los cristales quién me protegerá del agresivo mundo de la sequedad? se ajustarán estos tornillos? no sea cosa que duelan si escapo! el tiempo es absurdo se detiene a anda deprisa se suspende o se escurre es vértigo que no alcanza es intolerable cuando se hace inmortal gira el mareo sobre la frente y la medicación no ayuda demasiado el nervio se tensa más crepita el músculo se crispa qué sé yo todo mi cuerpo se empecina
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cristina valle marca registrada en reg prop intelectual n.220345 bs as argentina ...
A mi hijo, siempre le tengo dicho que cuando las cosas van mal lo mejor que puede hacer es cambiar de identidad
A mi hijo, le explico que si acaba en la cárcel lo único que deberá de pensar, a partir de que se cierna tras él el eco metálico de la puerta de su celda, ha de ser en como escapar
Podría empeñarme como el resto de bien intencionados padres
-sin manual de instrucciones pero hacendosos para que en el futuro nadie, eso se creen, les pueda a echar nada en cara-
en aleccionarlo con otra serie de valores, que no son más que buenos consejos con los que se consuelan por no poder ya dar mal ejemplo.
Mi propia experiencia, me ha demostrado que si con el tiempo no los pisotea, lo único para que los usara será como rehenes para pasarse al enemigo
Asi, que me esfuerzo por descubrirle cosas aconsejables. Por abrir sus pequeños ojos acerca de lo poco acertado de llevar una silla a un bosque, sobre todo si esta es de madera.
Que no es práctico usar los dedos para llevar la cuenta de las estrellas Que no señale a la gente por ser de mala educación, y si le pillan disimule haciendo como si estuviera contando estrellas.
Que mire siempre a los ojos de la gente para que no pierda la virtud de saber en cada momento quien le ama
Que no interrumpa a las personas mayores mientras hablan, y si alguna lo interroga sobre lo que acaba de decir, porque lo han sorprendido distraído a su explicación, responda, con tono de seguridad, que contaba estrellas
Que todo tiene sus límites, Pero que ese todo dependerá de a que lado de la cerca se siente o desde que lugar contemple el cielo
Aun asi, el mayor de los temores, con el que juego al escondite al margen de que le ocurra algo ante lo que no me pueda interponer, es que acabe por parecerse a mí;
y un día, se descubra a si mismo en cuclillas ante unos profundos y diminutos ojos de Icaro, kamikazes deseosos por contar estrellas, repitiéndole con dudosa convicción una afección que antes me oyó a mí y que ha planeado como un todo en su vida: “no hagas nada que yo no haría” ...
Nací sin patria y he construido los límites que me sostienen. Con voz tapiada y mortecina el alma, respirando silencios, tejí el jergón de hilo en que moraba.
Y a pesar de que ahora lleve mi cuerpo abierto, las manos extendidas, del viento la entereza, los ojos de la mar para apresar la ofrenda de tu voz (todo te lo daría, si supieses como se hace fértil mi camino) quizá habrás de hurgar para atraparme y descender al fondo donde vive aquel ángel : el que decapité mientras moría.
Del abrazo
Cansada del amor iconoclasta más allá de la entrada de las formas me he desplegado en ti y he encontrado un lugar para abrigarnos.
Esto sucede, si cuando te adentras rozas el corazón, llegas al cuello y alcanzas la garganta- palacio de cristal del yo más íntimo-, ya que ella es quien me nombra las palabras y grita el desorden de mi nombre.
Todo es sencillo entonces vivir incluso me parece fácil tal como ese café que compartimos entre diarios, murmullos y papeles.
El peso del temblor de cada abrazo nos sostiene.
Umbral
Entre tu y yo, ese umbral se parece a la distancia que hay desde el vientre al deseo o desde el beso a la cara desde el silencio al sonido de la noche hasta la albada desde mis pies al asfalto de la arena hasta la playa.
Me conforta conocer -envuelta de viento y calma- este límite que existe: qué nos une y nos separa.
Entonces
En ese momento cuando mi cuerpo se acurruca y soy redonda y me repliego y soy círculo y soy flexible, maleable y dúctil y soy capullo, llega en mi el génesis como el primer momento de la creación cuando dios dijo que se haga la luz y fue la luz, que se haga el mar y el mar se hizo. Igual que ese milagro, me abro toda no lentamente, sino como un soplo, como un milagro, igual que ese momento mágico donde de la nada se hizo todo en ese momento os digo toda yo me vuelvo boca boca mis manos, boca mis ojos, boca la cóncava curva de mis piernas, boca mi espalda, boca mi sexo, boca mi boca sedienta y seca con la fuerza del vértice que me gime por dentro y toda yo soy grito porque hay algo en mí que ha de florecer porque soy incompleta y vacía y es esa vacuidad la que me quema. Es entonces, os digo, cuando exploto y cuando grito y grito:
llena toda mi boca, ocúpame.
Razones de amor
Porque te sé un huérfano, como un niño de Dickens, llevando una cesta de flores en la mano, porqué te sé un infante encerrado en la alcoba donde nunca llegaba la luz del comedor.
Por los malabarismos, como sombras chinescas de luz y de penumbra. Por los labios que muerden con toda la avidez de una granada roja, con toda la saliva de tu íntimo afán.
Porque en las noches claras me encuentro entre tus brazos y en las noches oscuras tu aliento es quien me calma. Por sólo esos porqués yo ya te amaría… y te amo además, por lo que no te he dicho.
Extrañeza
Alguna vez, me dices, cuando abrazo a la mujer que quiero se vuelve evanescente mientras ella se pregunta qué hace un extranjero en su cama.
Los cuerpos, piel a piel, no conocen las letras del silencio alzando un abismo entre los dos donde cabe lo extraño.
Es un instante sólo, pues todo vuelve a su lugar pausadamente y nos deja el aroma del aura y del misterio que rodea el amor.
Tiempo de amar
Esas mujeres, esos cuerpos de mujeres que se dan cita en mi bien-amada dejan tras la puerta como un despojo inútil todo lo conocido sus ideas preconcebidas sobre el amor. G. Luca
Me acerco a ti como un juego de espejos sobrepuestos con todas las caras de las mujeres que llevo desde el fondo ancestral, imperceptible y errático que me empuja.
Así perpleja como si el cielo fuera una noche en London mientras la lluvia huye, sorprendida incluso de encontrarme en esa busca inédita.
Tal si por vez primera , cada vez fuera la puritana, la lúcida y la lúdica, la delicada ninfa, la dócil y carnal vampiresa de amor
Con furia voy a ti, al juego inenarrable, más allá del instante de la búsqueda, y soy como soy: fidedigna extranjera.
Así cuando me hallo en el tiempo de amar.
Así me acerco a ti : compleja y llena.
Depositario
…el amor. Que sus misterios, como dijo el poeta, son del alma, pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Pandémica y celeste, de Gil de Biedma.
Estos pequeños gemidos que vuelco sobre ti, de lejos vienen, de una tristeza antigua. De dentro vienen, llegados desde fuera, y anudan el dolor, amor y muerte.
Cuentan que es cliente habitual en una floristería…
Vivía en una ciudad grande, populosa, llena de humo. El gris arañaba el azul del cielo, los tonos vivos de los edificios, el verde de los jardines. Nadie conocía a nadie y a nadie le importaba. Tampoco sucedió como en los cuentos, cuyo escenario suele mecer a sus protagonistas en la cuna del símbolo y las señales. Por eso el día en el que nació aquella abominación el trueno no se dignó a hacer acto de presencia, las nubes no lloraron por la Humanidad, ni tampoco acudió el silencio, que hubiera sido un heraldo adecuado del acontecimiento. No. Su nacimiento fue aséptico y vulgar.
Ahora se lava los dientes, duerme con zapatos y pillacorbatas, naufraga en Internet y abusa del teléfono móvil. Está virtualmente muerto y se rodea de muerte, pues sólo para ella tiene ojos.
Ya no reside en la ciudad, sino en el desierto. O eso cree, pues jamás pisa la calle.
Las persianas de su casa están permanentemente cerradas, no tolera más luz que la eléctrica, ni más aire que el que apenas se filtra través de la mosquitera que blinda su balcón. Las paredes de su vivienda se asfixian bajo infinitas pegatinas de códigos de barras. Su mobiliario, un mausoleo de deshechos industriales; restos de latas, envases, frascos...
Y, aunque no me creas, cuentan que es cliente habitual de una floristería.
La vendedora de flores es como un hada, siempre joven. Tal vez no llegue a mudar sus cabellos dorados por canas, pues no hay alma que soporte que sobre un ser tan puro pueda caer la corrupción de los años. Para sus tersas mejillas siempre es primavera, Ella no entiende el mundo sin luz, aire, agua, pasión y vida. Muchos la pretenden, sin ver que su corazón no podrá ser entregado, pues le fue arrancado del pecho y trasplantado a la húmeda tierra de una maceta de geranios.
Él le compró rosales. Murieron. Él le compró orquídeas. Murieron. Murieron también las flores de pascua, las margaritas, las fresias, los pensamientos. Murieron hasta las malas hierbas que él nunca compró, pero que brotaron al amparo de la buena tierra, desafiando la adversidad.
Él no se deshacía de los cadáveres. Al contrario. Los aplicaba en un rincón especial de su casa, para contemplarlos a placer.
Un día compró la maceta de geranios. Ellos no morían. Resistieron a las torturas que habían llevado a sus predecesoras a apagarse. El monstruo, incapaz de entenderlo, a veces reaccionaba con ira y otras con desprecio, pero ninguno de esos extremos parecía afectar a los geranios.
Las plantas normalmente son sensibles, esclavas del cariño y los cuidados que se le demuestran. Tantean su mundo con sus raíces y abren sus pétalos a lo que el destino desee ofrecerles. Son débiles pues no dependen de sí mismas… pero esa planta no era como las demás porque ésta era una planta con corazón; el corazón de la vendedora de flores.
El que siempre estuvo muerto morirá mañana. Su cadáver seguirá agarrando por el tallo a sus geranios, eternamente prisioneros en aquel lugar infame. Ellos, que además de tener corazón tienen memoria, subsistirán siempre jóvenes, intocables por la corrupción, aunque atrapados, porque el recuerdo del agua es mejor que el agua y el recuerdo de la luz es mejor que la luz… ...
Raimunda sabe que los años no hacen sino envejecer a la gente y llenarla de experiencia, nada más. Sabe también que la muerte la va a visitar más pronto que tarde, para llevársela al otro mundo. Vendrá ataviada con una túnica negra y escondiendo su rostro bajo una capucha o un sombrero. Pero todo esto nunca le ha causado pesadumbre alguna. Raimunda ha sido y será ante todo una mujer de campo. Ha trabajado sin hacer caso a la extenuación y ha padecido los avatares de la vida con la cabeza muy alta, y por supuesto, nada la va a amedrentar. Tiene demasiado trabajo para dejarse vencer por los años. Raimunda, desde que alcanza su memoria, se ha levantado todos los días con el amanecer, en cuanto asoman por entre las ranuras de las ventanas los primeros rayos de sol. Con sus más de ochenta años, bien puede decir que nunca ha dejado de madrugar; ni siquiera cuando parió a Vicente, su pequeño. A ella ese embarazo la pilló con cuarenta años y el niño venía de nalgas. Pero, después de dos días y medio soportando los terribles dolores del parto entre arados y animales, lo tuvo, ¡vaya que si lo tuvo! Era el quinto hijo, y el último. Y también el primero en morir. A pesar de lo grande que se le criaba, la criatura se le fue con cuatro años de unas fiebres. Raimunda creyó morir con él, deseó ser enterrada con él. Pero el destino no lo quiso así y la mujer tuvo que sacar fuerzas para seguir viviendo. El sufrimiento no abandonó el hogar de Raimunda, porque como dicen en el pueblo: “las desgracias nunca vienen solas” y a los pocos meses, las mismas fiebres se llevaron a Ramona, su segunda. La más guapa. Un año más tarde, Ramón, su marido, moría aplastado por las ruedas del tractor. Nadie supo nunca lo que ocurrió, ni qué hacía el hombre tumbado debajo de la máquina. Hablaban que quizás dormía la borrachera a la sombra, pues su afición al vino era más que conocida en el pueblo. Desde entonces, Raimunda siempre ha sospechado que Dios la castigó por algo malo que había hecho y que nunca llegó a saber qué fue porque nadie se lo supo explicar, ni siquiera don Pío, el cura. Jamás ha querido quitarse el luto, por si acaso. Raimunda tuvo que criar sola a los tres hijos que le quedaron: dos hembras y un varón. Trabajó duro y peleó como una loba por ellos. Pasó miserias y conoció el hambre y la mezquindad humana, pero los sacó adelante y sin ningún hombre, a pesar de lo que le aconsejaban las vecinas. - Raimunda, aunque no seas ya una moza, todavía tienes tres niños que criar. Deberías buscarte un buen hombre, honrado y trabajador – le decían. Pero no les hizo caso. En su casa no entrarían más hombres. Ella sabía arreglárselas sola. Y eso es precisamente lo que ha hecho casi toda su vida, apañárselas sola un día tras otro. Sus hijos han crecido sanos y llenos de alegría. Aunque, hace unos años tuvieron que marcharse a la ciudad a buscarse un futuro, un futuro que en el campo ha dejado de existir, porque, como bien sabe todo el mundo, la tierra se está muriendo. Y por ello nadie se extraña de que las estrechas callejuelas del pueblo estén desoladas y mustias. Ya sólo transitan unos cuantos viejos y unas pocas mulas. Los únicos jóvenes que quedan son los dos melgos de la Emilia, que, a pesar de que ya andan cerca de los cuarenta, tienen los pobres la mente algo nublada y no pueden valerse por sí mismos. Raimunda recuerda muy bien el día que nacieron porque por entonces ella ejercía de partera del pueblo y de los alrededores. Ayudaba al médico y atendía a las parturientas antes y después del parto, y aquel fue uno de los más complicados y largos que ha asistido, y para colmo, el médico no pudo llegar a tiempo. La llamaron antes del mediodía y, con la caída del sol, Raimunda ya pensaba que ese parto no podía acabar bien: o moría la madre, que era demasiado joven, o lo hacían los niños. Pero ella era mujer con muchos años de experiencia como matrona y al final los consiguió sacar sin que muriera nadie. No tardó en darse cuenta que las criaturas no eran normales, nacieron con la cabeza deformada, pero estaban vivos. Las viejas decían que era por el eclipse de luna que hubo la noche del parto. - Los eclipses son un mal presagio y sobre todo si vienen gemelos – decía Jacinta, la más anciana del pueblo. Pero Raimunda nunca ha creído en esas tonterías, fue la voluntad de Dios y nada más. Al día siguiente el médico examinó a Emilia y a los dos niños. Confirmó que las criaturas habían nacido con un problema en la cabeza y que no pasarían de los diez o doce años. Ya han cumplido los treinta y ocho, y siguen vivos. Un poco faltos, eso sí, pero nada más. Ahora ya no es igual, porque las mujeres paren en los hospitales con médicos y enfermeras y además, ella hace ya muchos años que dejó de ayudar en los partos. Y es que todo ha cambiado y seguirá cambiado cuando ella no esté. Raimunda ha salido temprano al campo. Ha ido al huerto que tiene junto a la acequia para v